viernes, 24 de marzo de 2017

MUSEO DEL CHOCOLATE- Antigua Casa de la Cruz Verde

• Cuando caminamos por las calles Amargura y Mercaderes en La Habana Vieja, podemos encontrar una casa llena de historia y simbolismo, la célebre Casa de la Cruz Verde, nombre que adquirió por marcar el punto de partida de las procesiones del Santo Vía Crucis. Esta antigua residencia perteneció a la familia Basavé, también del Capitán de Voluntarios de Caballería Don Francisco Zequeira y León, Conde de Lagunillas, entre otros.
La época de construcción fue realizada en el siglo XVIII según señalan algunos historiadores y en su fachada, en una esquina, tiene colocada desde 1740 lo más notable que ha llegado hasta nuestros días, una cruz de madera pintada en verde, con un soporte en piedra tallada. La devoción de esta insignia se debió a los frailes franciscanos durante la época de la cristianización del Nuevo Mundo, a lo largo de los siglos XVI, XVII Y XVIII. La arquitectura de la casa, desde su inicio, contó con dos sencillas plantas, donde se destaca el balcón corrido por ambas calles. La planta baja se destinó para diferentes comercios, una bodega, un café, entre otros y la alta se dedicaba a vivienda, pero siempre conservando la cruz verde en su esquina. Esta edificación durante largos años sufrió un deterioro en su estructura, donde llegó a perder la planta alta y solo quedó en pie su fachada, pero gracias al proyecto de restauración de los especialistas de la Dirección de Arquitectura Patrimonial de la Oficina del Historiador, le devolvieron en el año 2003 la distinción que merece y lo convirtieron en el Museo del Chocolate. La remodelación de este inmueble marcó el inicio del Proyecto Brujas que fue una iniciativa de cooperación entre Cuba y el pueblo belga, a través del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. La institución patrimonial de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana invita a un recorrido por la historia del cacao, su cultivo, producción y comercialización, que se muestran en paneles colocados en las salas del museo, desde su descubrimiento por los españoles en América y su uso por los pobladores antes de la colonización europea. Otras atracciones del lugar es una exposición permanente de una colección de tazas chocolateras de porcelana, procedentes de Gran Bretaña, Alemania, Francia e Italia, que presentan una variedad de diseños entre los siglos XIX y XX, como la taza bigotera francesa, que utilizaban los caballeros que bebían el delicioso líquido sin mojar sus bigotes. Otros de los objetos que se pueden apreciar en el museo son los moldes de baquelita y un envase para confituras, donados por el Museo de la Plaza Real de Bruselas que enriquecen la colección conformada también por chocolateras de cerámica ordinaria, cazuelas, cántaros y tazones de loza inglesa hallados en excavaciones arqueológicas del Centro Histórico que fueron utilizados en los entornos domésticos y religiosos habaneros de los siglos XVIII y XIX. En un agradable ambiente los visitantes pueden adquirir una variedad de ofertas de chocolate, apreciar las técnicas para la fabricación artesanal de bombones y degustar la exquisita bebida preparada a la manera tradicional o según la elaboraban los aztecas •

viernes, 22 de julio de 2016

Los bailadores en zancos

FOTO: Coralia Rivero
• Unas de las actividades culturales que se realizan en La Habana Vieja son los bailes sobre zancos, a cargo de un grupo llamado Gigantería, integrado por jóvenes del teatro callejero que han rescatado las tradiciones de la cultura afrocubana de La Habana colonial. Se presentan con trompetas, tambores, vestidos con trajes de alegre colorido y haciendo malabares en fiestas callejeras que atraen la atención de todos. Además, utilizan la animación de muñecos de grandes dimensiones y la interpretación musical de una conga que contagia y alegra. Estos artistas son como una familia que se han sumado a los esfuerzos de la Oficina del Historiador de La Habana, para preservar algunos de los valores culturales que definen la espiritualidad cubana de quienes transitan por sus adoquinadas calles. Los zancos fueron los primeros en utilizarse en estas actividades, pero con el paso de los años se fueron incorporando los malabares con pelotas o clavas, las habilidades con fuego, soga, bastones y cadenas, así como también el uso de la voz y la plasticidad corporal. El grupo promueve el arte de las estatuas vivas en Cuba, produciendo una diversa galería de personajes fantásticos de la mitología y el imaginario popular que muestran un gran valor gestual. Otras de sus funciones son fomentar una labor pedagógica con otros grupos que realizan teatro callejero, a través de conferencias, talleres y presentaciones conjuntas. También comparten con artistas de otros países, donde se propicia un aprendizaje mutuo. En algunos de sus espectáculos teatrales interactúan con los transeúntes, con intervenciones que van desde performances hasta puestas en escenas, concebidas para el entorno de una plaza pública. Gigantería ha logrado un sello muy particular, utilizando elementos de la tradición cultural, unido a conceptos y visiones de la actualidad.•

viernes, 29 de enero de 2016

Palacio de los Condes de Santovenia-Hotel Santa Isabel

• En la Plaza de armas, por la calle Baratillo se encuentra una residencia de estilo neoclásico, que por su extensión y carácter arquitectónico, es digno contrapunto de los palacios del Segundo Cabo y el de los Capitanes Generales: el llamado Palacio de los Condes de Santovenia. Esta casa se construyó en los últimos años del siglo XVIII para el habanero Dr. Julián F. Martínez de Campos, Conde de Santovenia, que entró en posesión de su título nobiliario por Real Decreto de Fernando VII, el 7 de mayo de 1824.
Ya en 1832 pasa la propiedad del palacio al sobrino de éste, llamado José María Martínez de Campos que también fue titulado Conde de Santovenia y durante los años que habitó en él realizó varias mejoras, como fue poner la baranda de hierro —que lleva en el paño de la esquina sus iniciales— y algunos arreglos interiores, entre otros. Las habitaciones altas estaban lujosamente amuebladas y la planta baja se encontraba dedicada a los almacenes. En 1833 se celebraron ante esta mansión extraordinarias fiestas, en una de las cuales se efectuó la ascensión de un globo aerostático sin aeronauta. El pintoresco globo rojo, elevado desde la azotea del palacio, llevaba un emblema dedicado a la princesa Doña María Isabel de Borbón que recién ascendía al trono de España. Todo el edificio estaba iluminado con velas colocadas en tres mil vasos de varios y vivos colores que seguían la línea de las doce columnas sobre las que descansan once arcos formando un elegante pórtico. Entre los años 1867-68 en esta mansión se encontraba instalado el Hotel Santa Isabel. Un cronista norteamericano reseñó en su obra “Cuba a pluma y lápiz”, que la antigua residencia del Conde de Santovenia, convertida en hotel, era el mejor de la ciudad, por sus habitaciones grandes y aireadas. Veinte años después, en la planta alta de este palacio, se construyó la Lonja de Víveres de La Habana, y más tarde en 1943, fue totalmente remozado sin cambiar su primitiva construcción. A partir de marzo de 1997 y operado por el grupo Habaguanex S.A., es convertido en el hotel de lujo Santa Isabel donde ofrece las comodidades de un centro con categoría cinco estrellas, con la particularidad de un ambiente acorde con el entorno colonial donde se localiza. Muchos reconocimientos y elogios han sido aportados por varias personalidades, como los estadounidenses Jack Nicholson y Bruce Willis, o la vedette cubana Rosita Fornés. Con todos esos aires a favor, el Santa Isabel se exhibe orgulloso como una de las joyas para el turismo. •

miércoles, 27 de enero de 2016

La Farmacia-Museo Taquechel

• Entre los lugares más atractivos de la calle Obispo en La Habana Vieja, se encuentra una farmacia devenida tienda y museo, la cual rinde honores a su creador, el eminente farmacéutico Francisco Taquechel en 1898, quien le concedió a su tienda y laboratorio fama y preferencia durante muchos años.
En el año 1997 la antigua farmacia fue restaurada por la Oficina del Historiador de la ciudad, pues se encontraba deteriorada por el paso del tiempo, la ausencia de mantenimiento y por el grave incendio que allí tuvo lugar. La labor de restauración permitió rescatar su imagen, su mobiliario y la puesta en función de sus diferentes áreas, como el laboratorio, almacenes y comercialización, devolviéndole el encanto de épocas pasadas Este establecimiento ganó el prestigio en su época por la calidad de sus productos y los razonables precios. La decoración está inspirada en las corrientes francesas y por los avances de la alfarería europea del siglo XVIII. Sus estantes típicos de caoba están decorados con pomos de porcelana y cristal donde se almacenaban los medicamentos. También se encuentran adornos de mármol y las vidrieras, que constituyen elementos de gran atracción, por su belleza y conservación. Otros objetos que también se exhiben son los utensilios para la elaboración de los medicamentos y los libros de recetas con remedios naturales de la época. En la calle Obispo número 155 entre Mercaderes y San Ignacio se encuentra esta farmacia-museo, donde se comercializan medicinas homeopáticas, suplementos dietéticos, cosméticos, cremas de algas, mieles, productos derivados del cartílago de tiburón, vitaminas y minerales antioxidantes, para continuar la línea de excelencia que la marcó desde sus inicios. •

martes, 20 de octubre de 2015

El Caballero de París

• Una estatua de bronce y de tamaño natural, es un punto de atracción de todo visitante que pasea por la Plaza de San Francisco frente a la puerta de la Basílica del Convento del mismo nombre en la Habana Vieja. Esta obra fue realizada por el destacado artista José Villa Soberón, donde lo muestra como el eterno caminante que fue de toda la ciudad. La persona que representa fue el llamado Caballero de París, apodo que adquirió de las personas que lo veían paseando por la Acera del Louvre con una buena conducta, su forma de vestir con traje y capa negra, su pelo canoso y largo sujeto en la espalda y con varios libros y periódicos que siempre llevaba bajo su brazo. La vida de este hombre estuvo llena de contratiempos que lo fueron trastornando mentalmente, por eso hacia discursos incoherentes y tenia delirios de ser un gran personaje. Se supone que perdió la razón cuando fue arrestado en 1920 y encarcelado en la prisión del Castillo del Príncipe por un crimen que no había cometido, a partir de entonces deambulaba y dormía por las calles, pero no pedía limosnas. Su verdadero nombre fue José María López LLedín, nació en la aldea de Vilaseca de Fonsagrada, en la provincia gallega de Lugo España, el 30 de diciembre de 1899. A muchos habaneros les gustaba conversar con él pues les llamaba la atención toda esa fantasía que relataba con una hidalguía de un gentilhombre del pasado: (…) Yo soy un gran espada, un gran mosquetero, un gran señor de todos los señores. Está claro. Yo soy un auténtico, un legítimo Caballero de París, corsario con los hombres, galante con las damas, príncipe de la paz, divino emperador y rey del mundo”. “Es lógico que sea popular. Todo el mundo me conoce. Todo el mundo me mira. Yo soy la leyenda que camina, la tradición sagrada que recorre las calles. Yo soy no un hombre sino un dios... Un dios que persigue la paz entre los humanos y la guerra entre los guerreros.” (Fragmento del libro Yo soy el Caballero de París, del doctor Luis Calzadilla) Muchas son las historias sobre su familia y la vida de este popular personaje que terminó padeciendo una parafrenia que provocó su delirio imaginativo. El 7 de diciembre de 1977, el Caballero fue internado en el Hospital Psiquiátrico de La Habana en Mazorra, en las afueras de La Habana, como acto humanitario. La razón fundamental para su internamiento no fue que amenazara a nadie, sino por su deplorable estado físico que terminó con su vida el 12 de julio de 1985. Por iniciativa de Eusebio Leal, Historiador de la Ciudad, sus restos exhumados fueron llevados a un sitio de privilegio, la Basílica del Convento de San Francisco de Asís, que hoy en la actualidad es una espléndida sala de conciertos. Muchos turistas que van a ver su estatua tocan su barba y una de sus manos, pues creen que así volverá algún día a visitar La Habana, creando así una nueva leyenda. • FOTO: Coralia Rivero

domingo, 22 de febrero de 2015

El jardín de Diana

• Entre las labores realizadas en La Habana Vieja se encuentra la creación de espacios, donde el diseño de la jardinería juega un papel esencial, acompañados con fuentes y esculturas que dan al conjunto un agradable ambiente. Uno de ellos es llamado El Jardín de Diana que rinde tributo a la memoria de la princesa de Gales (1961-1997). La creación de este jardín se realizó en una parcela de terreno, ubicada al fondo de la que antes fuera mansión de la renombrada familia Pedroso, uno de los inmuebles más antiguos de nuestra ciudad colonial, justo frente a la bahía habanera y muy próximo a la Plaza de San Francisco de Asís, en la calle Baratillo entre Carpinetti y Obra Pía. Ocupa un área que abarca los 740 metros cuadrados. Se utilizó pavimentos de gravilla que delimitan los senderos en medio de la vegetación y al centro se ubicó un estanque en forma de aro cubierto con cerámicas de colores, portando plantas acuáticas, y una pérgola formada por arcos. La decoración ambiental contiene obras de renombrados artistas de la plástica cubana como Alfredo Sosabravo, René Palenzuela y Juan Narciso Quintanilla. El área verde está compuesta de árboles y plantas ornamentales de diferentes países, como el roble, la ceiba brasileña, crotos y helechos entre otras especies. La realización de esta obra fue gracias a un proyecto de los especialistas de la entonces Dirección de Arquitectura Patrimonial de la Oficina del Historiador. La inauguración se realizó a los pocos meses después de la muerte de la princesa Diana de Gales, quien falleció en un accidente automovilístico en París el 31 de agosto de 1997. Su hermosa labor social estaba en encargarse cotidianamente de asuntos relacionados con los minusválidos, la infancia, los enfermos de SIDA, de cáncer y la gente sin hogar. Con el tiempo llegó a representar a más de 500 instituciones que promovían la protección y el amparo de aquellos sectores sociales de menos recursos. El bello rincón habanero, digno de respeto, ha mantenido su belleza para que el visitante encuentre, un lugar apropiado para el descanso, un ambiente de paz y meditación. “Hoy este jardín constituye un espacio de concordia abierto para gentes de todo el mundo que visiten La Habana”, como afirmó nuestro historiador, el Dr. Eusebio Leal el día de su inauguración. •

martes, 23 de diciembre de 2014

La Fuente de los Leones

• Uno de los elementos decorativos que más se construyen en las ciudades son las fuentes, que por su arte escultural, el movimiento del agua y la utilización de sus luces, atraen la atención de todo visitante. Una muestra de ello es la Fuente de los Leones que se encuentra en la popular Plaza de San Francisco de Asís, uno de los lugares más visitado de nuestro patrimonio nacional.

Desde el siglo XVI durante los mismos comienzos de la urbanización de la plaza, llegó el primer ramal de la Zanja Real, primer acueducto de la villa desde 1592  y es entonces que se instala una primitiva fuente con una simple pila rodeada por un plato y desprovista de decoración donde se abastecían de su preciado líquido los buques y la población.

 En 1836 distinguidos personajes de la nobleza colonial, habían puesto todo su empeño en mejorar el entorno de la ciudad y es cuando se realiza la obra por el escultor italiano Giuseppe Gaggini, obsequiada a La Habana por Claudio Martínez de Pinillos, conde de Villanueva, como muestra de poder e imagen en su rivalidad con el capitán general Miguel Tacón.

Esta bella fuente está compuesta por cuatro pedestales de mármol de Carrara que sostienen a igual número de leones echados, alcanzando una altura de 2,5 metros. En el centro de la fuente se alza una columna de 1,5 metro de alto y 0,45  de diámetro coronada con una corola que vierte el agua contenida, donde muchas de las palomas de la plaza beben su agua y se asean.

Varias veces se tuvo que cambiar su sitio, en 1844 se trasladó a la glorieta que se encontraba a la salida de La Puerta de Monserrate, en la Alameda de Extramuros o Isabel II, hoy Paseo del Prado, allí permaneció hasta 1902, después estuvo en el Parque de Trillo en el Barrio de Cayo Hueso, más tarde en el Parque de la Fraternidad, luego  en los almacenes de la Secretaría de Obras Públicas, hasta que en el año 1963 volvió a su lugar de origen gracias a la labor realizada por la Comisión Nacional de Monumentos.

En los años 90 se realizaron trabajos de pavimentación, adoquinado, limpieza y mantenimiento, que destacan su belleza y conservan su vida útil, para el disfrute de todos. •

sábado, 20 de diciembre de 2014

La iglesia de San Francisco de Paula



FOTOS DE AHMED VELAZQUEZ
• A orillas de la hermosa Bahía de La Habana se encuentra un templo religioso de culto católico romano, la antigua iglesia de San Francisco de Paula, considerada una de las más preciadas joyas del patrimonio cubano y uno de los lugares reflejados en la novela Cecilia Valdés, obra cumbre del escritor cubano Cirilo Villaverde. Al estar situada al final de la antigua Alameda del mismo nombre y en las cercanías de la Avenida del Puerto, llama la atención a todo transeúnte.
 La iglesia y el aledaño hospital para mujeres menos favorecidas por la fortuna, no tardó en convertirse en reclusorio de presas que ya no cabían en los recintos penitenciarios. Fueron construidos durante la segunda mitad del siglo XVII y fundados por Nicolás Estévez Borges, Rector de la Parroquial Mayor de San Cristóbal de La Habana, el 10 de diciembre de 1664. Más tarde en el año 1730 los dos edificios fueron dañados por un temporal, que dio motivo a que fueran reconstruidos prácticamente en su totalidad.
La arquitectura colonial de esta edificación es una muestra del estilo arquitectónico barroco español de la primera mitad del XVIII, y guarda gran semejanza con la iglesia de San Francisco de Asís, de la que es contemporánea. La fachada se presenta con arco central y columnas adosadas a los lados intercaladas en el piso alto con sendas hornacinas típicamente española, y en lo alto está coronado por una espadaña cuyas campanas se habían perdido.
En 1907 los intereses norteamericanos comenzaban a cambiar la faz de la capital. La compañía ferrocarrilera  Havana Central Railroad  emprendió la expropiación forzosa del templo y su hospital, para convertirlos en almacenes mercantiles. A partir de entonces tuvieron lugar varios intentos para demoler los edificios, negándoles todo valor patrimonial, y sólo la oposición de ilustres intelectuales como el historiador Emilio Roig de Leuchsenring y el antropólogo don Fernando Ortiz, respaldados por algunas instituciones, consiguieron salvar la iglesia pero no el hospital, que se demolió por decisión de sus nuevos dueños.
En 1998, la iglesia de Paula tenía un aspecto abandonado, donde había perdido gran parte de sus cristales en el ventanal del fondo. Es entonces que en el año 2000 gracias a un proyecto de la Oficina del Historiador de La Ciudad se comienza la rehabilitación del pequeño templo con la participación de especialistas y de varios artistas de la plástica cubana, como el vitral de Nelson Domínguez y Rosa María de la Terga; la escultura del santo hecha por Duvergel y el espectacular lienzo de Roberto Favelo. Otras obras fueron por Juan Narciso Quintanilla quien hizo el altar, las pilas bautismales y la lápida a Brindis de Salas en mármol; José Rafat con la cruz y una lámpara en plata; Zaida del Río con las escenas del Vía Crusis; Aniceto Díaz e Isabel Jimeno en murales de cerámica; Ernesto Rancaño con un Cristo sobre madera y Kief Antonio Grediaga fundió en bronce las campanas del campanario. Todas estas creaciones la convirtieron desde entonces, en la capilla del arte sacro contemporáneo cubano.
Una de las restauraciones de gran importancia ha sido el órgano de la iglesia, (Daublaine-Ducroquet, Francia, 1845-1855) que es el único instrumento de su tipo que se conserva íntegramente en su emplazamiento original. Su restauración devolvió una parte de la historia musical de Cuba, pues una de sus funciones está en las actividades culturales que se realizan en este recinto, como los conciertos por el Conjunto de Música Antigua Ars Longa, las presentaciones de maestros organistas y la realización de festivales internacionales del mismo género. •


domingo, 18 de mayo de 2014

El Torreón de San Lázaro

• Esta pequeña construcción militar, que ha desafiado el paso del tiempo, formó una parte muy importante en el sistema de defensa de La Habana colonial, donde tenía como objetivo principal, el de vigilar y anunciar la llegada de los barcos de corsarios y piratas que venían para atacar y saquear la ciudad.

En el siglo XVII a partir de la visita del ingeniero español Marcos Lucio, que venía con el objetivo de realizar modificaciones en las primitivas fortificaciones de la villa y sus alrededores, es que se inician las obras de construcción de este torreón en la caleta de Juan Guillen, donde da fe el acta del cabildo del 26 de septiembre de 1664. Más tarde pasó a ser conocido como el Torreón de San Lázaro, nombre que adoptó del aledaño hospital o reclusorio de leprosos.

Su construcción presenta una forma cilíndrica de un grosor de 1,30 metros de los muros, con una estructura de mampostería y reticulado de vigas de madera, así como el entramado de aspilleras dedicadas a resguardar el tiro de fusilería. Una singularidad la constituía su altura, calculada con toda intención, pues desde ella se realizaban avisos de señales a la villa y además era el enlace entre las fortalezas San Salvador de La Punta y Santa Dorotea de Luna de La Chorrera.

Los vigías destinados a este lugar, no sólo estaban pendientes de los barcos que arribaban o se alejaban de la costa, sino también eran responsables de la supervisión de los troncos de madera que se trasportaban, por la vía fluvial y marítima, para ser utilizados en las construcciones navales, militares y civiles de la villa.

 En la segunda mitad del siglo XIX, este lugar de vigilancia, pierde su carácter defensivo al construirse una fortaleza militar llamada La Batería de La Reina, que se utilizó por varios años hasta inicios del siglo XX y  fue desmantelada para construir en 1916 lo que es hoy en día el Parque Maceo. Ya en la década del 50 el torreón se integra al diseño y funcionalidad urbana, cuando se utilizó como subestación eléctrica para un sector del municipio Centro Habana.

En el año 2002, se iniciaron las labores arqueológicas y de restauración por la Oficina del Historiador de la Ciudad, para que este monumento nacional recuperara su altura y estructura original, con la finalidad de embellecer el hermoso litoral habanero. •

domingo, 1 de septiembre de 2013

La farmacia museo La Reunión

• Es una de las obras más importantes en restauración de La Habana Vieja, con una espectacular belleza artística e histórica, que nos da la ilusión de sentirnos plenamente a mediados del siglo IXX. Fue constituida el 20 de mayo de 1853 por Valentín Catalá, José Sarrá y Catalá, Antonio González y José Sarrá y Valldejulí, la sociedad Catalá, Sarrá y compañía. El día 10 de diciembre de 1877, queda al frente del negocio José Sarrá y Valldejulí, al fallecer su tio, quien sería —hasta 1882— el primer presidente del Colegio Farmacéutico, creado en 1880 y quien le dio un enorme impulso a esta obra, la cual llegó a ocupar varias casas formadas por las calles Teniente Rey, Compostela, Habana y Muralla, la cual se denominó como “manzana Sarrá”. Hacia 1886, La Reunión era una de las farmacias más elegantes y prestigiosas de la Habana, llegando a considerarse a principios del siglo XX la segunda en importancia en el mundo y la primera en Cuba. Los productos que aquí se comercializaban y los que se elaboraban —como su famosa Magnesia Sarrá de alta calidad con la cual obtuvo primer lugar en la feria de Matanzas en 1881. Además, se elaboraban los vinos medicinales, el Neuro-tónico, las píldoras de Chagres, otras patentes modernas y se importaban medicamentos de Francia, Inglaterra y Estados Unidos. Se cuenta que uno de los factores que influyó en el rápido crecimiento de la droguería Sarrá, fue la existencia, en el mismo centro de la manzana, de un pozo de aguas naturales, de ocho metros de profundidad, que hasta hoy en día el agua se emplea en la fabricación de líquidos orales y para que los visitantes lo puedan apreciar se ha incluido en los recorridos turísticos programados. En el proceso de restauración por la Oficina del Historiador de la Ciudad se orientó rescatar, de cada período, el conjunto de exponentes más valiosos junto a los trabajos de arqueología donde se hallaron frascos con sus correspondientes etiquetas o inscripciones, los datos del comercializador y la ciudad de origen. En uno de sus techos se le construyó un lucernario, como suministrador de luz natural y protección contra la lluvia, debajo del cual se colocó un vitral artístico con posibilidad de ventilación natural. Por medio de fotos antiguas se pudo reproducir las lámparas, los mostradores de mármol y los cristales que faltaban, todos pintados con flores, excepto el central, que reza: La Reunión. Además, se rescató los apoyabrazos y apoyapiés, de bronce dorado, que ostentaban los comercios de antaño para la comodidad de los visitantes. En sus vitrinas se exhiben objetos que recrean la historia de las farmacias como morteros, balanzas y frascos, estos últimos encargados a la firma norteamericana Whitall Tatum & Co. El objetivo de esta obra no persigue la recuperación exacta de un período específico de ese inmueble, sino la recreación de toda la historia de las farmacias habaneras, incluida —por supuesto— la del legado de los Sarrá. La Reunión obtuvo, en la categoría de arquitectura cívica, mención de honor y premio de restauración, respectivamente, en la VI Bienal de Arquitectura de la Federación Caribeña de Asociaciones de Arquitectos (FCAA), celebrada en Willemstad, Curazao en el año 2007. Más allá de su función museística, aquí se venden productos farmacéuticos naturales y tradicionales, especias y plantas medicinales. En su dispensario original, el visitante puede ver cómo se elaboran los medicamentos y apreciar los libros de apuntes de recetas. Otras de las actividades que se realizan, son las conferencias sobre temas de educación para la salud muy interesante para todos. •

miércoles, 30 de enero de 2013

Centro Cultural Wilfredo Lam

• En una de las esquinas de la Plaza de la Catedral habanera, se asoma esta antigua Casa de los Condes de Peñalver, que ha sido convertida en una importante institución cultural, para la investigación y promoción de las artes visuales contemporáneas. Su construcción fue realizada durante el siglo XVIII, aplicando las mismas características arquitectónicas de las residencias coloniales de la época, ubicada en la calle Empedrado y San Ignacio. Ya en el año 1900 pasa a ser propiedad del señor D. Joaquín Lancis y Alfonso, donde en su estructura ya presentaba algunas subdivisiones destinadas al comercio, que posteriormente, fue cambiando de distintas compañías que hacían modificaciones para adaptar el edificio a sus necesidades. Años más tarde en la década de los años 50 presentaba un gran deterioro en su estructura, hasta que gracias a las labores de restauración por los especialistas de la Oficina del Historiador de la Ciudad quedó convertida el 28 de febrero de 1983 en el Centro Cultural Wilfredo Lam (1902-1982) en honor al conocido pintor cubano. Hoy en día dispone de amplias salas de exposición, biblioteca y videoteca, con un vasto patrimonio bibliográfico y documental sobre las artes visuales contemporáneas de Asia, África, Medio Oriente, América Latina y el Caribe. Otras de las actividades que se realizan son los ciclos de conferencias especializadas y también posee una colección de obras donadas y compradas que se exponen de forma permanente. El evento más importante que promociona esta institución es la Bienal de La Habana desde el año 1984, donde artistas de varios países exponen sus obras, e intercambian opiniones con críticos, directores de museos, editores, galeristas, coleccionistas y público en general. •

jueves, 15 de noviembre de 2012

Los 493 años de la fundación de La Habana

• La Ciudad de las Columnas y Patrimonio de la Humanidad, celebra su aniversario el día 16 de noviembre de 1519 por la fundación de La Habana, antigua Villa de San Cristóbal, en honor al patrón de los colonizadores españoles, que después de haber recibido varios traslados territoriales desde el sur de la provincia, se determinó que se quedara definitivo en la parte norte, donde se encuentra actualmente. La celebración de este día está llena de tradiciones, desde su inicio a modo de bautizo, se realizó la primera misa y se presentó el primer Cabildo bajo la sombra de la primera ceiba, que junto a esta se construyó en 1828 El Templete en la Plaza de Armas, llamado así por su semejanza indudable con los pequeños templos de la Grecia clásica y además, es un símbolo de la grandeza del neoclásico habanero. Una de las tradiciones que se realizan es que muchas de las personas que asisten colocan una de sus manos en el tronco y así le dan tres vueltas al árbol a su alrededor y arrojan igual número de monedas, para pedirle a San Cristóbal que les cumpla sus deseos. Entre otras de las actividades está el de llevar las Mazas plateadas del Cabildo y las joyas más antiguas que conserva La Habana en una procesión que parte del antiguo Palacio de los Capitanes Generales. Siempre esta celebración está presidida por el Historiador de la Ciudad que desde hace varios años está a cargo de Eusebio Leal Spengler, quien de una forma amena y atractiva da una explicación, con lujo de detalles históricos, de todo lo que acontece en ese día. Por su labor admirable en la restauración, conservación y promoción cultural de la ciudad, se ha ganado el respeto de todos los habaneros. Todos los asistentes a la celebración pasan un rato agradable en un bello lugar lleno de historia, leyendas y fuegos artificiales. •

viernes, 12 de octubre de 2012

La Galería Carmen Montilla

FOTO: Coralia Rivero
• En la Plaza de San Francisco de Asís, una de las plazas más concurrida y atractiva, se asoma una casa de bella arquitectura y atrayente color, la Galería Carmen Montilla. Su estructura está compuesta por elementos del temprano siglo XVIII habanero representados en sus pórticos, balcones y arcos. Ya comenzando el siglo XIX se le hizo algunas transformaciones propias de la época, como a todas las casas cercanas, donde principalmente, se le agregó la planta alta. Varias fueron las personas que vivieron en este lugar desde su inicio, como el comerciante Juan Josef Padrón y más tarde fue vendida al Capitán de Fragata Félix Mantilla en 1808. En 1913, estando en propiedad del Sr. Juan Goicochea se le hicieron algunas reparaciones y cambios donde se destinó la planta baja para almacén y en la alta para vivienda. Años más tarde pasó a ser la Embajada de Paraguay y después fue convertida en ciudadela, dando lugar a que en la década de 1980 tenía un enorme grado de destrucción, provocado además, por un incendio que solo dejó en pie su fachada. Ya en los años 90 se elabora el proyecto para el rescate del edificio que culminó su restauración en 1994 realizado por los especialistas de la Oficina del Historiador de la Ciudad y con la colaboración de la artista venezolana Carmen Montilla Tinoco, quien además de vivir en la casa, también instaló su estudio, hasta el 21 de octubre del 2004 en que falleció. Después de este acontecimiento pasa a ser una institución, asociada a la Dirección del Patrimonio Cultural de la Oficina del Historiador de La Habana, para convertirla en la llamada Galería Carmen Montilla. Actualmente esta galería cuenta con tres salas de exposición dedicadas a las obras transitorias de artistas cubanos y extranjeros. Al fondo de la casa encontramos un hermoso y acogedor patio con un atractivo mural titulado "Flora y Fauna" del ceramista cubano Alfredo Sosabravo. Otros de los elementos que lo integran, es la vegetación muy bien seleccionada y unos curiosos pavos reales que van de un lugar a otro mostrando su bello colorido que da un toque de exquisito gusto. Finalmente, además de las exposiciones que se realizan, podrá disfrutar de varias actividades culturales que han sido muy apreciadas por el público que asiste a su sede en la calle Oficios 162 frente a la iglesia San Francisco de Así en La Habana Vieja •

sábado, 21 de julio de 2012

Palacio del Conde Cañongo, hoy La Vitrina de Valonia

FOTOS:Coralia Rivero
• La Plaza Vieja se caracteriza por mantener un perfil homogéneo en cuanto a la altura de sus edificaciones, donde predomina la construcción de dos y tres plantas que dan una unidad estilística y una muestra de ella es la antigua mansión de los Condes de Cañongo. Como todas las casas de la plaza tuvo varias modificaciones en su estructura, siendo estilísticamente, una obra más avanzada de carácter neoclásico, donde se destacan la hermosa fachada con su portal de varias columnas y arcadas. En el siglo XIX fueron sus propietarias la Sra. Josefa de Torres y la Condesa de Macuriges. D. José Agustín Valdés y Pedroso, acaudalado propietario y descendiente de D. Mateo Pedroso, quien obtuvo el título de Conde de San Esteban de Cañongo en 1816. Más tarde se vendió a otros propietarios que mantuvieron su explotación a través de los alquileres de la planta baja para dedicarla al comercio, desde un almacén de papel hasta una imprenta. Los antiguos dueños ya habían subdividido sus habitaciones originales para alquiler y así la convirtieron en varias viviendas de inquilinato. Como las demás edificaciones de la plaza, sufrió un gran deterioro que duró muchos años hasta su remodelación en febrero del 2006 por los especialistas de la Oficina del Historiador de la Ciudad y es en el 2008 que se inaugura un museo expositivo alegórico a la región belga de Valonia llamado La Vitrina de Valonia, que está instalada en la planta baja y en los altos se destinó a la utilidad social con 6 apartamentos. Cuenta con una biblioteca especializada para el público en general, con historietas cubanas y belgas traducidas al español donadas por la embajada de Bélgica en la Isla. Entre los títulos están los cómics belgas Tintín, del historietista Herré, Los Pitufos, de Pierre Culliford, Lucky Luck, de Morris y los cubanos Cecilín y Coti, de Cecilio Avilés. Otros sobre la vida de José Martí y Pablo de la Torriente Brau y obras relativas a la cultura belga. Entres las actividades culturales que se realizan están los talleres de lectura para niños, presentaciones de libros y revistas, que brinda la institución para disfrute del público y todos los veranos se realizan intercambios interactivos con historietistas cubanos, exposiciones, proyecciones de cortos animados, rifas de originales, demostraciones de ilustradores y creaciones colectivas, todas con el objetivo de dar un beneficio social y cultural •

sábado, 7 de julio de 2012

La Bodeguita del Medio

FOTO: Ahmed velázquez
My mojito in La Bodeguita, My daiquiri in El Floridita, es decir, "Mi mojito en la Bodeguita y mi daiquirí en el Floridita" Ernest Hemingway • La frase del famoso escritor ha devenido símbolo de este atractivo lugar, lleno de anécdotas curiosas enriquecidas por sus visitantes de importancia nacional e internacional, entre ellos, Alejo Carpentier, Nicolás Guillén, Alicia Alonso, Ernest Hemingway, Pablo Neruda, Gabriela Mistral, Gabriel García Márquez, Errol Flyn, Nat King Cole, Jorge Negrete, Tito Guizar, Agustín Lara, Brigiette Bardot y Harry Belafonte, entre otros. Todos atraídos por el buen sabor de la comida, la música cubana y el deseado trago llamado Mojito. Desde 1942 era su dueño el señor Ángel Martínez, que junto a su esposa, una excelente cocinera, ofrecían exquisitos platos criollos que dieron como resultado que este lugar pasara a ser de una simple bodega, a un restaurante-bar preferido por todo aquel que lo visitara y es el 26 de Abril de 1950 que queda inaugurada oficialmente con el nombre de La Bodeguita del Medio, por encontrarse situada en la mitad de la cuadra de la calle Empedrado No. 207, muy cerca de la Plaza de la Catedral en La Habana Vieja. Con el pasar de los años se hicieron algunas ampliaciones en el fondo del local y en los altos, para aumentar el espacio debido a la cantidad de comensales que asisten y que disfrutan, sentados en taburetes de cuero y rústicas mesas, de su rica gastronomía como arroz, frijoles negros, cerdo en varias formas, tostones o plátanos fritos, pollo, tasajo, y dulces caseros. En el bar, con un mostrador de caoba pulido, se brinda el afamado trago Mojito, un coctel hecho de la mezcla de ron, agua mineral, jugo de limón, azúcar y hojas de hierbabuena que le dan un rico sabor y aroma. En cuanto a la decoración del local llama la atención las paredes llenas de fotos de personalidades de artistas e intelectuales, afiches, recortes de prensa, firmas, caricaturas, pinturas, todas con la finalidad de dejar la huella de su visita. También hay un objeto de atracción y es una silla colgada del techo que guarda una leyenda de un fiel cliente y fundador de este atractivo lugar, es la que utilizó el periodista Leandro García, que siempre escribía sobre La Bodeguita en una de las columnas del periódico El País. Si quiere disfrutar de este atractivo y curioso lugar, no deje que se lo cuenten y compruébelo usted mismo. •

jueves, 26 de mayo de 2011

El mural de la calle Mercaderes



FOTOS: Coralia Rivero • Hay obras de arte que al pasar frente a ellas, nos atraen con un magnetismo impresionante y una de ellas es este mural que nos transporta a la era colonial habanera por su dimensión y su gran realismo. En él están representados 67 personajes importantes de la época, donde muestran una escena frente a la fachada del palacio del Marqués de Arcos, que fue sede del Liceo Artístico y Literario de La Habana hacia 1844.
Entre las figuras de intelectuales y artistas representadas en el mural, donde algunas fueron seleccionadas por el Doctor Eusebio Leal, aunque no coinciden cronológicamente con la época o no tuvieran vínculo directo con el Liceo, se encuentran: Carlos Manuel de Céspedes, Gertrudis Gómez de Avellaneda, el Obispo Espada, la Condesa de Merlín, Brindis de Salas y el poeta Plácido entre otros.
El autor de esta obra se llama Andrés Carrillo quien realizó un trabajo minucioso de investigación y estudio sobre la época colonial y utilizó un material novedoso en Cuba que incluye una textura de piedra natural preparada a una medida del grano específica y embebida en resina acrílica, de gran resistencia y durabilidad a la intemperie. A partir de cuatro colores: marrón, rosa coral, negro y beige claro, obtuvo una gama tonal de 13 tintes que le dieron un acabado perfecto.
La realización de esta obra concluyó el 27 de diciembre del año 2000, con una dimensión aproximada de 300m² y compuesto por 52 paneles. Requirió del trabajo de muchas personas como el arquitecto Jaime Rodríguez, el escultor Nicolás Ramos Guiardinú, varios alumnos de la Escuela de San Alejandro y algunas instituciones.
Todo el que visite La Habana Vieja y quiera viajar en la historia, debe observar este mural en la calle Mercaderes entre Tacón y O’Reilly, pues es un homenaje a la cultura cubana y un bello recuerdo. •

martes, 29 de marzo de 2011

El Museo del Ron - Casa de los Condes de la Mortera


FOTO: Coralia Rivero
• Esta mansión fue construida entre los años 1772-1780, cuando pertenecía en propiedad al matrimonio Don José Fajardo Covarrubias y Doña Josefa Montalvo. Años más tarde en 1892, Don Ramón de Herrera, acaudalado naviero que ostentaba el título de Tercer Conde de la Mortera la compró para instalar sus oficinas de negocios.
La composición y originalidad en su arquitectura la destacan entre las primeras edificaciones del siglo XVIII. Su monumental fachada con estructura simétrica, está ubicada frente a la bahía de La Habana en la avenida de San Pedro 262, más conocida como avenida del Puerto de la ciudad.
La portada principal tiene unos cuatro metros y medio de altura y es unas de las mayores con una complicada y angulosa guarnición en su diseño. En su interior, adornado con plantas tropicales, se encuentra un bonito patio con dos arcadas en cada uno de sus cuatro lados que contrasta, por sus pequeñas dimensiones, con el resto de la casa.
Al igual que muchas edificaciones fue teniendo algunas transformaciones de acuerdo a la época del siglo XIX, cuando fueron sustituidos los techos de tejas por la cubierta plana de azotea y sus balcones de madera se sustituyeron por el hierro.
En la década del 60 del siglo XX estuvo ocupada por la Empresa de Navegación Mambisa en 1961, luego por la Academia de Ciencias en 1965 y en 1968 pasó al Consejo Nacional de Cultura.
Fue restaurada por los especialistas del Centro Nacional de Conservación, Restauración y Museología en 1990, quienes eliminaron los añadidos que atentaban contra su imagen original, para entregarla al Ministerio de Cultura y así fue conocida entonces como la Casa del Joven Creador.
Más tarde, la Dirección de Arquitectura Patrimonial de la Oficina del Historiador, lo transforma en lo que es hoy el Museo del Ron, donde su principal atractivo es el trayecto con un guía que explica todo el proceso de la producción del ron desde sus inicios en la historia de esta bebida de la caña de azúcar, por medio de instalaciones montadas con esmero donde se aprecia desde el duro trabajo de los negros esclavos en el trapiche hasta nuestros días.
Al final del recorrido el visitante, en un ambiente del olor típico de la fermentación, puede degustar el exquisito Ron Havana Club o recibir clases de coctelería en una amplia gama de tragos cubanos de mayor reconocimiento internacional.•

viernes, 4 de junio de 2010

La Alameda de Paula



FOTO: Coralia Rivero

• La alta sociedad habanera en la época colonial, llegaba en sus quitrines para asistir unos al teatro más cercano, otros a la iglesia o simplemente como punto de reunión y contemplar la belleza de la bahía de La Habana.
Este lugar de encuentro y primer paseo marítimo, fue en sus primeros tiempos un terraplén situado desde la calle Acosta hasta la iglesia de Paula, pero después de su remodelación, fue durante mucho tiempo uno de los sitios coloniales más atractivos de la capital, mandado a construir en 1870 por don Felipe Fondesviela, Marqués de la Torre.
El arquitecto que realizó la obra era llamado Antonio Fernández de Trebejos, lo construyó con bancos de piedra y respaldar de reja labrada situados con la vista frente al mar. Se pusieron a los dos extremos unas escaleras, por la elevación que presenta el área y se colocaron varias farolas para la iluminación nocturna. En el centro del paseo una alta fuente de mármol construida en Italia, en 1847, hace el honor a la Marina de Guerra y en altorrelieves tiene imágenes que representan banderas, trofeos militares, escudos y laureles alegóricos a España. En ella se muestran 4 cabezas de leones que por sus bocas vierten chorros de agua.
El nombre de esta alameda lo adquiere por la cercanía a la iglesia de San Francisco de Paula y por la hilera de arboles de Álamo colocados a todo lo largo de este lugar, dándole así, un bellísimo atractivo.
Años más tarde fue perdiendo su importancia ya que la Plaza de Armas se convirtió en el nuevo punto de reunión de la sociedad y un tiempo después la compañía norteamericana Havanna Central instaló a la orilla del mar sus muelles y almacenes, dejándola convertida en un sitio de concurrencia de cuanto marinero llegaba al puerto.
Hoy La Alameda de Paula es un sitio para el esparcimiento y la contemplación de su paisaje marino gracias a los trabajos de conservación y restauración de la Oficina del Historiador de la Ciudad.•

miércoles, 21 de abril de 2010

Restaurante El Santo Angel - Antigua Casa de los González Larrinaga




FOTOS: Coralia Rivero

• Muchos son los lugares en La Habana Vieja que se pueden visitar para disfrutar de una buena comida que satisface todos los gustos, en un ambiente acogedor, donde cada detalle ha sido diseñado por especialistas en decoración, y además, lleno de atractivas historias y uno de ellos es el que se encuentra en una de las antiguas residencias en la Plaza Vieja.
A principios del siglo XIX esta mansión pertenecía a la familia González Larrinaga y la señora Susana Benítez, esposa de don Antonio, quien instituyó en 1866, el colegio El Salvador para niños pobres, en memoria a su hijo fallecido tempranamente.
Esta casa, una de las más atractivas, presenta en su arquitectura los cambios que ha sufrido a través del tiempo, desde el siglo XVII hasta el XIX. En su fachada podemos apreciar, en su planta alta, la baranda de hierro fundido con un elaborado y bello diseño. Su amplio portal está formado por varias y altas columnas con sus arcos, que le dan el toque característico de las demás construcciones coloniales que rodean a la Plaza Vieja.
Después de ser restaurada por los especialistas de la Oficina del Historiador de la Ciudad se transforma en el restaurante El Santo Ángel, que cuenta con cuatro amplios salones a disposición y al gusto de los visitantes. Una de las áreas se encuentra al aire libre, donde desde las mesas se puede apreciar la agradable vista de la plaza. Otro de los lugares del restaurante se encuentra en el patio central para los que gusten disfrutar de la naturaleza rodeados con una atractiva vegetación.
La originalidad en el diseño de los elementos como la decoración de los salones, la carta, doyles, entre otros, le dan un toque de distinción a este restaurante, como la presentación de distintos platos de arroces que se sirven en vasijas originales.
Se ofrece un innovador menú con una amplia variedad de comida cubana e internacional realizada con alta calidad por los especialistas de la gastronomía.
El mayor de sus salones se ha convertido en una galería de arte, donde se puede apreciar las obras de algunas personalidades de la cultura y además escuchar la buena música que se ofrece. Es un restaurante donde todo visitante expresa su agradecimiento por la buena atención, su exquisita comida y su atractivo lugar. •

martes, 19 de enero de 2010

Centro de Desarrollo de las Artes Visuales - Casa de las Hermanas Cárdenas



FOTOS: Coralia Rivero

• Lo más gratificante para un artista es que su obra sea reconocida y admirada por todos, ya sean especialistas en la materia o no, y mucho más agradable, si es en un sitio que reúna todas las condiciones para este fin.
En la Plaza Vieja hemos visto que muchas de sus casas se han dedicado a promocionar la cultura, tanto nacional como internacional, y una de las más representativas, en esta función, es la llamada hoy Centro de Desarrollo de las Artes Visuales.
Desde 1602 la casa fue ocupada por distintos dueños, pero por quien ha sido más conocida, a finales del siglo XVIII, fue por las hermanas doña María Loreto y doña María Ignacia Cárdenas y Santa Cruz, más nombradas como las beatas Cárdenas, hijas de Agustín de Cárdenas Vélez de Guevara y Castellón, Marqués de Cárdenas de Monte Hermoso. Ellas pertenecieron a la clase más pudiente de la sociedad habanera de su época en la cual fueron muy destacadas por realizar numerosas tertulias en su residencia.
La arquitectura de esta edificación presenta características similares al resto de las viviendas de la Plaza Vieja, con sus arcos, columnas, balcones, lucetas y otros elementos decorativos coloniales que la distinguen.
En 1834 la Sociedad Filarmónica alquiló la casa por espacio de 20 años y remodeló los pisos de sus salones con mármol para que los visitantes que asistieran a sus lujosas fiestas pudieran bailar mejor.
Pasado ese tiempo, en la primera década del siglo XX, vuelve a utilizarse como vivienda y en la planta baja para el comercio y es cuando la casa sufre un abandono total hasta llegar a un estado lamentable de conservación y fuera declarada inhabitable.
Ya en el año 1984 se crean las condiciones para su restauración que fue asumido por el Departamento de Monumentos de la Dirección de Patrimonio Cultural junto a los especialistas, y en el año 1989, es cuando queda inaugurada como El Centro de Desarrollo de las Artes Visuales, con el objetivo fundamental de promocionar las obras de artistas plásticos, mediante la organización del evento Salón Nacional de Arte Contemporáneo y coordinar exposiciones de cubanos en otros países y de artistas extranjeros en Cuba.
Todas estas actividades se realizan en cuatro galerías que posee y en diferentes espacios, además, cuenta con un centro de información donde se pueden consultar catálogos sobre creadores cubanos e internacionales. También se realizan investigaciones y se mantienen estrechos vínculos con instituciones académicas como San Alejandro y el Instituto Superior de Arte, a través de la presentación de tesis de grado y exposiciones diversas. Otra de las características importantes de esta institución es ser responsable de la actualización del Registro Nacional del Creador de las Artes Plásticas.
Esta antigua mansión donde sus paredes han encerrado apasionantes historias, es hoy un centro para el desarrollo y muestra del arte contemporáneo •